El cemento de casa, el barro de la calle, el sucio cemento de lo instituido

La pretensión, personal y que busco contagiar en cada espacio, es la de movilizarnos como sociedad en pos de asumir las funciones sociales, las responsabilidades propias que nos corresponden como sociedad y, crecientemente dejar de delegarlas en mercados, religiones o estados (con todas las diferencias existentes entre estas tres instancias).

Con esa premisa, lo que busco es desentrañar, en la medida de lo posible, los argumentos y las justificaciones de aquellas personas que optan por no involucrarse e intervenir en su realidad, en su contexto, en su existencia social.

El primero con el que he elegido empezar (no significa el más importante) es el de la situación pura, la tesis frecuente de "en ese lugar están estos o estas que sostienen esto" y yo no creo en eso, y defiendo otra cosa.

Para comenzar, me gustaría hacerlo con una metáfora, que es la de la casa propia, el único lugar donde podemos gestar, lograr y construir esa pureza de principios, de ideales, de iniciativas, de lógicas de vivir, de producir, de hacer, de relacionarse. Y esta casa no es la calle, donde lo sucio, lo oscuro, lo azaroso, lo peligroso, lo mixto, lo confuso se mueve. Esa casa es permanente, estable, asentada y no circula, no se desplaza, no se ubica en distintos lugares, sino que está destinada a ese lugar y no otro, y se puede construir sobre ella, más habitaciones, más puertas, más paredes, más ventanas, más sillas donde sentarse y asentarse. Esa casa, con esfuerzo sí, puede lograr ser un lugar donde conviven personas como iguales e iguales, donde están cómodos y tranquilos.
Ahora bien, quisiera mencionar algunas cosas sobre la calle y su barro, sobre la suciedad, la oscuridad, el azar, el peligro, la mixtura, la confusión de esa calle. Esa calle está poblada, está repleta de personas, está, incluso, muy superpoblada, rica en experiencias, en historias, en culturas, en dinámicas, movimientos, producciones, reparticiones, emociones, pasiones, razones y racionalidades. Esa calle embarrada, además, no deja de avanzar, ese barro callejero no deja de meterse y molestar en las puertas y ventanas de las casas, arrastra consigo y mezcla y confunde las purezas de cada una de las casas, se lleva consigo hijos e hijas, se lleva tías y abuelos, se lleva empleos hasta finalmente lograr que muchos (en estos quiero ubicarme yo) decidimos darnos cuenta que no hay posibilidad de una pureza en nuestra casa si no salimos a ese barro a intervenir como sujetos, como personas conscientes, si no salimos al barro de la historia a hablar, a encontrarnos, a ensuciarnos, a ponernos en peligro, a confundirnos y que nos confundan, al terror que nos genera el azar, a cruzarnos y pensarnos y organizarnos con los demás buscando que ese barro del que ahora formamos parte tenga una selección de qué seguir arrastrando (alegrías, discusiones, pasiones, razones, encuentros, culturas, diversidades, colectivos, horizontes, conciencias y concienciaciones, etc) y comience a dejar de arrastrar otras cosas (egoísmos, personalismos, racionalismos, jerarquías, vértices, pirámides, negación, intolerancias, racismo, explotación).
Eso sí, ese barro es imparable por parte de individuos o pequeños grupos, ese barro no se controla, ese barro callejero no admite jefes ni jerarcas que quieran encausarlo, no señor, no señora, ese barro demanda que quienes se acerquen se confundan, y queden sumidos (aunque nunca totalmente) dentro de sí.
Malcitando a Marx: "Todo lo sólido se desvanece en el barro", y con él se va lo instituido: (1) se van mercados queriendo dominar y explotar cuanto trabajador y trabajadora encuentre en su camino, haciéndolos cosas, haciendolos mercancías, quitandoles la centralidad de su existencia, que es recrearse colectivamente y en paz como género humano, satisfaciendo sus necesidades en las dinámicas de la madre naturaleza, en las dinámicas no acumulativas de la Naturaleza, para luego sostener que es ser humano quien tiene, y que es más humano quien más tiene y más libre quien más domina y más justo quien más ajusticia a los demás; (2) se van con ese barro el Derecho y las leyes, la "democracia" de la sola representación (esa que ausenta de establecer las normas al pueblo, vallando con hierro, armas y policía los parlamentos), se van las burocracias, los gobiernos de papeles y oficinas, los gobernantes minoritarios, quitándole la decisión de ser libre y decidir a los pueblos; y (3) se van con ese barro las religiones, las que canonizan, esas que dicen cómo está bien creer en las cosas y cómo está mal, las que condenan a infiernos a las grandes mayorías del mundo, porque eligen el placer de ser colectivamente en vez de elegir la culpa de vivir con ganas de sentir siquiera el placer de los cuerpos, de las almas al cruzarse con otros y otras, esas religiones que denostan a los creyentes rebeldes, INfieles a sus concilios del poder, a sus encíclicas manchadas con sangre, esas religiones que condenan a arder a quienes quieren tener fe de las mil maneras posibles, pero sin inscribirse y pagar diezmos.
Esas instituciones existen, no digo que no lo hacen, pero también existe el barro de la calle, y tendremos que estar en todos los lados, en el barro callejero para ir desarmando eso instituido para instituir lo nuevo, lo sustancialmente democrático, lo sustancialmente horizontal y colectivo, el placer, la danza, el buen comer, la alegría del abrazo como instituciones.

No dejo aquí de mencionar que todo este trabajo y esfuerzo es transicional, no se trata de negar el Estado, el mercado y las religiones, sino simplemente aceptar que no son necesarias eternamente, y que es posible trabajar para instituir nuevos mundos.

Para eso, desde mi perspectiva, es necesario dejar de creer que se puede mantener limpia la casa, salir a ensuciarse y contagiarnos en ese barro para pensar nuevas realidades. Salir de casa, llenar de barro no solo nuestra casa, sino todas las de la cuadra, las de la ciudad.

Comentarios

  1. A mi elección elijo, entonces, hacer un comentario C.C.C. (que no es, en este caso, un comentario Corriente Clasista y Combativa, sino un Comentario Crítico Constructivo, jeje). En principio, manifiesto mi total acuerdo con aquella parte que dice "...no hay posibilidad de una pureza en nuestra casa si no salimos a ese barro a intervenir como sujetos", del mismo modo que, en general, coincido con todo lo planteado aquí (a excepción de una parte -que quizás haya mal interpretado- que es aquella en donde escribís: "...quitandoles la centralidad de su existencia, que es recrearse colectivamente y en paz como género humano..." dando por sentado que dicha centralidad existe como esencia en el/la ser/a humanx -y, por tanto, no como construcción histórico-social- previa a la quita que el mercado les hace de esta centralidad. Aclaro: coincido con lo de recrearse colectivamente y en paz como género humano, también creo que estás de acuerdo en que tal cosa debe ser una construcción, pero no coincido en el punto de considerar tal cosa como pre-existente -aunque sí como potencialidad de acto, como potencial posibilidad- a la quita que el mercado ha hecho, pues no creo que el/la ser/a humanx sea violentx o no-violentx por esencia. En fin, tal vez sólo una mala interpretación de tu expresión o, caso contrario, una diferencia filosófica, jajaja) y desde lo cual quisiera hacer un aporte (especialmente en línea más que nada con el último párrafo) pensando la relación dialéctica entre la parte y el todo: un poco siguiendo a J. P. Sartre y otro poco siguiendo a István Mészáros podría plantearse que para romper con la reproducción sociometabólica del capital, es necesaria la construcción de otro orden sociometabólico pero post-capital y que, si bien no es posible una totalización totalizadora total de la totalización totalizadora total en curso, sí es posible una totalización totalizadora parcial lo suficientemente amplia (y revolucionaria, para el caso) como para lograr aquel nuevo orden sociometabólico post-capital, como para lograr una retotalización cualitativamente nueva y liberadora en relación con la actual totalización global oprimente. Complementar la casa con el barro crecientemente, articularse en la lucha por la emancipación humana hasta lograr no sólo la sociedad humana post-capital, sino también la Nación Humana Universal, la superación de todo tipo de violencia. Un fuerte abrazo ojalá cada vez más embarrado. Iñaki.

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